Cuando se llega a la adultez, el curso de nuestras vidas parece transcurrir más rápido, ¿cuántas veces no hemos comparado el paso del tiempo cuándo éramos niños con el de la edad adulta? Durante la infancia, cada actividad representa algo nuevo que aprender y descubrir, por lo tanto la atención que se le otorga hace que el tiempo parezca transcurrir de forma lenta, sin embargo al ir creciendo y al ser menos las actividades nuevas, es decir, cuando ese niño se convierte en adulto, empieza a sentir que todo transcurre aceleradamente.

Esto ocurre debido a que los seres humanos al crecer vamos perdiendo la capacidad de asombro y tomamos una actitud muy diferente ante la vida, en comparación a los niños, lo que podía llegar a ser algo nuevo y extraordinario en la infancia, el día de hoy se ha vuelto algo monótono, creando así rutinas. Sin nada nuevo que ver, el tiempo que invertimos al análisis de lo que vemos diario es mínimo y la vida comienza a seguir un curso que parece imparable.


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Existen días en la vida de los adultos en los que nada parece salir bien, puede empezar con algún percance matutino como derramar el jugo en el desayuno, encontrar demasiado tránsito para llegar a la oficina, y los problemas no parecen terminar.

Por otro lado hay días en los que todo sale bien, te miras al espejo y lo que ves te agrada, disfrutas hasta lo mínimo de tu desayuno, el trayecto al trabajo parece ser una carretera y por la falta de tráfico te permites ver los alrededores de ese trayecto que tomas diario, dándote cuenta delo mucho que ha cambiado desde la última vez que te diste el tiempo para observarlo, llegas a tu oficina y lo único que tienes son felicitaciones por tu buen desempeño. Todo depende de la actitud con la que lleves tu día a día.

Por definición de la Real Academia Española RAE la palabra actitud significa: “Disposición de ánimo manifestada de algún modo”. Si la disposición con la que amaneces no es la mejor, lo más probable es que el día tampoco se ponga a tu favor, todos los pronósticos y posibilidades están en negativo, sin embargo, si la actitud con la que decides llevar tu día es positiva, el mundo se pondrá a tu favor y todo lo que hagas seguramente será para mejor. Es por esto que una buena actitud ante la vida puede cambiar la forma de sentirla.

Así que, entre las ventajas de despertar cada día con una actitud positiva está el sentir que los días no se van tan rápido como podría haberte ocurrido anteriormente, admirar y apreciar cada actividad que realizas con una buena actitud puede ayudarte a crear una armonización benéfica para tu vida, ya que no sólo te sentirás bien por dentro, sino que reflejarás al mundo esa actitud de renovación que es causada únicamente por cambiar la actitud en la que manejas tu vida.